{"id":571,"date":"2025-08-19T11:45:23","date_gmt":"2025-08-19T11:45:23","guid":{"rendered":"https:\/\/ancientcatholic.org\/es\/?p=571"},"modified":"2025-08-19T11:45:43","modified_gmt":"2025-08-19T11:45:43","slug":"imitando-a-nuestro-senor-jesucristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ancientcatholic.org\/es\/homilias\/imitando-a-nuestro-senor-jesucristo\/","title":{"rendered":"Imitando a nuestro Se\u00f1or Jesucristo"},"content":{"rendered":"<p>La vida cristiana toma su forma de la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios que asumi\u00f3 nuestra carne y san\u00f3 nuestra naturaleza. El Ap\u00f3stol nos marca un modelo claro: \u00abSed imitadores de m\u00ed, como yo lo soy de Cristo\u00bb (1 Corintios 11:1). En la Iglesia, esta llamada nos introduce en la vida de Cristo que se nos da en la adoraci\u00f3n, en la oraci\u00f3n diaria y en la obediencia constante a su ense\u00f1anza. Los Padres llaman a esta meta theosis (deificaci\u00f3n). Es compartir nuestra vida con la vida de Dios por la gracia. La Biblia ofrece la misma esperanza, en concreto que por las promesas de Dios \u00abllegu\u00e9is a ser part\u00edcipes de la naturaleza divina\u00bb (2 Pedro 1:4). No se trata de copiar el exterior de la vida de Cristo. Se trata de un cambio real en nuestro interior, mientras su gracia obra en nuestra mente, en nuestra voluntad y en nuestros h\u00e1bitos.<br \/>\n<!--more--><\/p>\n<p>Para crecer de este modo, aprendemos la mente de Cristo. San Pablo habla sin rodeos: \u00abTened entre vosotros la misma mente que hubo en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Filipenses 2:5). Esta mente se muestra en humildad, paciencia y un deseo constante de hacer la voluntad del Padre. Tambi\u00e9n nos ense\u00f1a a decir la verdad sin dureza y a servir sin buscar elogios. El Se\u00f1or marca el camino cuando dice: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame\u00bb (Mateo 16:24). La negaci\u00f3n de uno mismo no es un gesto dram\u00e1tico. Es la decisi\u00f3n diaria de apartarse de los impulsos ego\u00edstas y elegir el bien. En la vida parroquial esto se ve en guardar los ayunos, vigilar la lengua, acudir a la oraci\u00f3n y ayudar a quienes necesitan cuidado.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n y la lectura de la Sagrada Escritura mantienen vivo este camino. Los Evangelios muestran al Se\u00f1or en oraci\u00f3n: \u00absali\u00f3 al monte a orar; y pas\u00f3 la noche orando a Dios\u00bb (Lucas 6:12). Seguimos su ejemplo manteniendo una regla sencilla en casa. Las oraciones de la ma\u00f1ana y de la tarde, algunos Salmos y la Oraci\u00f3n de Jes\u00fas con el cord\u00f3n de oraci\u00f3n dan reposo al coraz\u00f3n. Poco a poco, el recuerdo del Se\u00f1or se asienta en el d\u00eda. La Biblia gu\u00eda el alma y forma la conciencia: \u00abToda Escritura es inspirada por Dios y \u00fatil para ense\u00f1ar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia\u00bb (2 Timoteo 3:16). Leed un pasaje cada d\u00eda. Volved a los Evangelios una y otra vez. Leed con la Iglesia, siguiendo las lecturas del a\u00f1o lit\u00fargico, y acudid a los Padres cuando surjan dudas. As\u00ed la Biblia configura nuestras decisiones en el trabajo, en casa y en Internet.<\/p>\n<p>Los Santos Misterios afianzan este crecimiento. En el Bautismo morimos y resucitamos con Cristo. En la Crismaci\u00f3n el Esp\u00edritu Santo nos sella para la vida del Reino. En la Eucarist\u00eda el Se\u00f1or nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre. Los primeros creyentes muestran el modelo que seguimos a\u00fan hoy: \u00abPerseveraban en la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles y en la comuni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en las oraciones\u00bb (Hechos 2:42). La Divina Liturgia nos ense\u00f1a a vivir. Llevamos nuestros pecados y cargas, ofrecemos nuestra acci\u00f3n de gracias y recibimos los Santos Dones. Luego llevamos este modo eucar\u00edstico a la semana. La palabra del Ap\u00f3stol le da forma. San Pablo dice: \u00aby vivid en el amor, como tambi\u00e9n Cristo nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante\u00bb (Efesios 5:2). Este amor habla con amabilidad, no guarda lista de agravios y busca ocasiones de servir.<\/p>\n<p>La caridad brota de la Santa Mesa. El Se\u00f1or nos da un criterio claro en este punto: \u00abEste es mi mandamiento: que os am\u00e9is unos a otros como yo os he amado\u00bb (Juan 15:12). Por eso damos de comer al hambriento, visitamos al enfermo, escribimos a los encarcelados y acogemos al forastero (cf. Santiago 1:27). Haced un plan sencillo. Reservad un peque\u00f1o fondo para limosnas, dedicad tiempo cada mes a una obra de misericordia y aprended los nombres de las personas a las que ayud\u00e1is. El amor se vuelve concreto cuando se planea y se realiza con cuidado. El ayuno, la sencillez y la limosna protegen la caridad de la emoci\u00f3n pasajera y la mantienen firme. La Iglesia establece ayunos para aquietar las pasiones y liberar recursos para los pobres. Guardad el ayuno en obediencia a vuestro sacerdote y conforme a vuestra salud. Dad sin ostentaci\u00f3n, como nos ense\u00f1a el Se\u00f1or: \u00abque no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha\u00bb (Mateo 6:3). En la fidelidad silenciosa el coraz\u00f3n aprende la libertad.<\/p>\n<p>El perd\u00f3n conserva la comuni\u00f3n y sana la memoria. El Ap\u00f3stol escribe: \u00abSed bondadosos y misericordiosos unos con otros, perdon\u00e1ndoos mutuamente, como Dios os perdon\u00f3 en Cristo\u00bb (Efesios 4:32). Empezad con un examen de conciencia honesto por la noche. Rezad por su nombre por quienes os han herido. Id con regularidad a la confesi\u00f3n y llevad faltas concretas, tanto las cometidas como las recibidas. La gracia del Misterio har\u00e1 su obra. La humildad es el propio vestido del Se\u00f1or. El himno de Filipenses nos dice que \u00abse humill\u00f3 a s\u00ed mismo, haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Filipenses 2:8). Seguidle en el servicio silencioso. Tomad el lugar m\u00e1s bajo en casa y en la iglesia. Aceptad la correcci\u00f3n sin excusas. Dad gracias a Dios por cada peque\u00f1a oportunidad de servir sin ser vistos. Mantened a vuestros enemigos en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nuestra vida en Cristo es comunitaria. \u00abVosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente miembros de \u00e9l\u00bb (1 Corintios 12:27). Cada uno tiene un don para el bien de todos. Unos visitan a los que no pueden salir de casa, otros hornean prosforas, otros ense\u00f1an, otros limpian la iglesia, otros organizan comidas. Preguntad a vuestro sacerdote d\u00f3nde hace falta ayuda y asumid una tarea que pod\u00e1is mantener. La gu\u00eda espiritual da forma a la lucha. La tradici\u00f3n recomienda una relaci\u00f3n estable con nuestro confesor o padre espiritual. Hablad con claridad sobre tentaciones y h\u00e1bitos. Recibid el consejo y ponedlo en pr\u00e1ctica. La Biblia bendice este remedio. San Santiago escribi\u00f3: \u00abConfesaos, pues, los pecados unos a otros, y orad unos por otros para que se\u00e1is sanados\u00bb (Santiago 5:16).<\/p>\n<p>Los santos y las fiestas nos ense\u00f1an c\u00f3mo es la vida de Cristo en personas reales. Guardad sus d\u00edas. Leed de vez en cuando una vida breve. Colocad iconos donde rec\u00e9is y aprended de memoria uno o dos troparios. En la liturgia estamos con ellos: \u00abPor tanto, nosotros tambi\u00e9n, teniendo alrededor nuestro tan grande nube de testigos\u2026\u00bb (Hebreos 12:1). Sus historias fortalecen el valor y sostienen la esperanza. Una regla diaria mantiene firme el coraz\u00f3n. Las oraciones de la ma\u00f1ana, un Salmo al mediod\u00eda si es posible, las oraciones de la tarde y la Oraci\u00f3n de Jes\u00fas a lo largo del d\u00eda bastan para un fundamento s\u00f3lido. Incluid intercesiones por la familia, los amigos y los difuntos. Poned recordatorios en vuestro m\u00f3vil para hacer una pausa y rezar un momento. As\u00ed aprendemos a \u00aborar sin cesar\u00bb (1 Tesalonicenses 5:17).<\/p>\n<p>El discipulado alcanza las cosas ordinarias. Honrad al Se\u00f1or en vuestro trabajo con labor honesta y trato justo. Guardad los domingos y las fiestas asistiendo a la Liturgia. Proteged vuestro hablar de chismes y palabras groseras. Apagad el m\u00f3vil un tiempo cada tarde y prestad atenci\u00f3n a las personas que ten\u00e9is delante. Haced de vuestra mesa un lugar de acci\u00f3n de gracias y de paz.<\/p>\n<p>Llegar\u00e1n pruebas. La enfermedad, la preocupaci\u00f3n y la p\u00e9rdida ponen a prueba lo aprendido. Manteneos firmes en las palabras del Se\u00f1or y en las oraciones de la Iglesia. Pedid ayuda cuando la necesit\u00e9is y dejad que otros os ayuden. Llevad una peque\u00f1a Cruz o un cord\u00f3n de oraci\u00f3n en el bolsillo y usadlo cuando asome la ansiedad. As\u00ed la Cruz que llevamos se convierte en el lugar donde la gracia nos sale al encuentro. La perseverancia une todo esto. El disc\u00edpulo permanece en la ense\u00f1anza del Se\u00f1or y da cada d\u00eda el siguiente paso peque\u00f1o. San Juan nos ofrece una medida clara para nuestro andar: \u00abEl que dice que permanece en \u00e9l, debe andar como \u00e9l anduvo\u00bb (1 Juan 2:6). No persig\u00e1is novedades. Mantened lo b\u00e1sico con paciencia y confianza.<\/p>\n<p>La meta es la amistad con Cristo y la obediencia nacida del amor. \u00c9l hace una promesa clara: \u00abSi me am\u00e1is, guardar\u00e9is mis mandamientos\u00bb y tambi\u00e9n: \u00abEl que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama\u00bb (Juan 14:15, 21). Con esto delante, pedimos un coraz\u00f3n limpio, un esp\u00edritu firme y gracia para un buen final.<\/p>\n<p>Que el Se\u00f1or nos fortalezca para vivir as\u00ed en nuestros hogares, en nuestras parroquias y en nuestro trabajo, hasta ver su rostro con alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Que Dios os bendiga +<\/p>\n<p>P. Carlos<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida cristiana toma su forma de la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios que asumi\u00f3 nuestra carne y san\u00f3 nuestra naturaleza. El Ap\u00f3stol nos marca un modelo claro: \u00abSed imitadores de m\u00ed, como yo lo soy de Cristo\u00bb (1 Corintios 11:1). 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